Cuando hay que pensar en los valores de las cosas, las personas nos tornamos confusas, no sabemos hacia dónde dirigirnos, y es entonces cuando estamos en medio de la vida sin darnos cuenta. Es el lugar al que todos llegamos y en el cual tenemos que tomar decisiones. Probablemente no sepamos que estamos ahí, y quizá cuando nos damos cuenta, es demasiado tarde. En el momento de tomar la decisión ponemos prioridad en las cosas que creemos que están bien y que son necesarias, o bien, ponemos prioridad en lo que tenemos ganas de hacer. La lucha se torna compleja, ya que ambas decisiones en un futuro pueden causarnos arrepentimiento. Y qué es lo que conviene elegir/decidir, va a depender de la situación en que estemos. Cuando las cosas no son tan complicadas y las presiones son pocas, por más que sepamos las consecuencias a futuro de nuestras decisiones, elegimos hacer lo que queremos: irnos de vacaciones, faltar al trabajo, no estudiar, cambiar el novio. Pasamos un tiempo de felicidad, y luego, cuando volvemos a la cruel realidad, nos damos cuenta de que lo que hicimos, está mal y fue una falta de responsabilidad, pero nadie nos quita lo vivido. En cambio, cuando las presiones son más fuertes y nos vemos acorralados, hacemos lo imposible por seguir el camino correcto aunque sea el más difícil. Y siempre que lo hacemos, no queremos que la esperanza nos juegue una mala pasada: siempre pensamos que va a salir mal; para no sentirnos desilusionados luego de haber perdido la jugada; en el caso de ganar, todo es felicidad y la presión se alivia. A todo esto, cuando estábamos en ese lugar incómodo, hubo cosas que dejamos de hacer, eran esas cosas que queríamos pero que por motivos ya mencionados, no pudimos hacer, y viene la época de arrepentimiento. Probablemente esas cosas puedan hacerse ahora, aunque nosotros podemos no ser los mismos, muchas veces puede pasar que desde empezar a hacer lo correcto hasta poder ganar la batalla, pasan muchos años, entonces las cosas que podríamos haber hecho en ese entonces, no son dignas de nosotros en el presente, por ejemplo irse de mochileros, es algo que, si bien sería genial, a los 50 años ya no nos emociona, por el sólo hecho de que lo más reconfortante es una cama cómoda y un baño con agua caliente.
El arrepentimiento no es bueno, porque es una contradicción. Nosotros hacemos cosas, que luego creemos que están mal. Entonces, estamos traicionando a lo que éramos nosotros mismos en el momento de actuar. Lo mejor que puede hacerse es respetar nuestras ideas en todo momento, y respetar las ideas que tuvimos antes. Se trata de una convivencia con el yo de ahora, y el yo de antes. Antes de culparse por hacer las cosas mal, hay que pensar dónde estábamos y porqué llegamos a ese punto. Es una buena manera de comprendernos y no culparnos a nosotros mismos haciéndonos daño frecuentemente, por cosas que no tienen vuelta atrás.
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1 comentario:
Hola, te descubrí cuando buscaba debajo de las piedras, en un chat sórdido, y aquí estoy...
http://alstoozori.blogspot.com
Me gustaría continuar con el misterio de los mensajes en botellas. "Pensaré dónde estoy y cómo llegué a este punto; no sé si esté mal que te contacte por este medio, pero no hay vuelta atrás"
Acabo de dar "enter" al teclado.
Un gran saludo
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